Daniel Innerarity: “La sociedad se está organizando al margen de los políticos.”

(Publicado en el número 26 de la revista ETHIC)

Daniel Innerarity. fotos hechas en el bodegon Alejandro

Fotografía de Juantxo Egaña

SAN SEBASTIAN – Daniel Innerarity es filósofo de vocación y político de experimento. Es una rara avis intelectual que nos está ayudando a interpretar mejor el caos de una sociedad indignada, o “exasperada”, como la califica él, y también a entender un entorno político donde emergen nuevos ejes más allá de la izquierda y la derecha.

Nos recibe con una sonrisa en el corazón de la Parte Vieja de Donostia el 26 de mayo, justo a un mes de las próximas elecciones generales, donde se presenta al Congreso de los Diputados como candidato número uno en las listas de Geroa Bai. Un hecho que podría sorprender a algunos, sobre todos a quienes le consideran un intelectual de referencia por su prolífica obra como filósofo y ensayista.

Pero es que Innerarity no es sólo un alma solitaria y discursiva. Tiene una empatía que envuelve y un amor o incluso vocación por ciertas cosas populares e identitarias, un “nacionalismo cívico”, como diría él. Quizás sean esos rasgos los que expliquen que se haya prestado a compaginar desde hace un año el ruido y estrés de la acción política con las reflexiones serenas ante sus alumnos y la soledad de sus escritos.

Después de una mañana de clases está más que listo para disfrutar de la gastronomía vasca en el conocido Bodegón de Alejandro. “Estoy agotado,” me confiesa nada más sentarse. Y lo que le queda. Después de la comida le esperan más clases y una maratón de asuntos de campaña. Así que comemos y bebemos con moderación pero con mucha conversación. Porque a Innerarity lo que en el fondo le gusta y se le da bien es discurrir sobre filosofía política.

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Fotografía de Juantxo Egaña

EHB – Dices que uno de los problemas de nuestro sistema político es que ponemos mucho el foco en el candidato y en las campañas, y poco en el gobierno y en la gestión. ¿Podríamos decir que Mariano Rajoy y su equipo se acercan entonces a la solución por presumir más de gestión que de campaña a diferencia de Pablo Iglesias?

DI – Yo creo que hay una ruptura entre tecnocracia y populismo más radical en nuestra cultura política que la ruptura entre derechas e izquierdas. El eje clásico de derechas e izquierdas tal y como estábamos acostumbrados a pensarlo va a convivir con un eje de este estilo, populismo vs. tecnocracia, y los partidos se van a posicionar como por ejemplo en Italia, donde hay dos partidos populistas y dos partidos tecnócratas, y dos de derechas y dos de izquierdas. Dicho esto, la promesa tecnocrática era una promesa que resultaba creíble en algún momento y ahora mismo ya no. Desde un punto de vista de los resultados, este gobierno no puede ofrecer un balance muy bueno…

EHB – ¿No te parece que al menos el Ministerio de Economía ha gestionado bien la relación con los mercados? La imagen de España en determinados círculos está mejor.

DI – A mi el lenguaje “Guíndico” me resulta incomprensible por no decir insultante. Me parece una falta de respeto total a la gente. En estos momentos tu no puedes hacer una política económica que la gente no entienda. La política económica la tienen que entender los mercados y también las personas. Y yo creo que esto no resulta comprensible para las personas. Que la aceptación en Europa esté tan baja en buena medida se debe a que Europa está resultando incomprensible para la gente. Y está resultando incomprensible porque delegamos en Europa todas aquellas cuestiones que nuestra democracia electoral no permite si no queremos darnos una bofetada en las elecciones. En el fondo es una cosa muy típica de este país, que es la “desresponsabilización”. Aquí en Euskadi tenemos un sistema fiscal propio que implica una asunción de responsabilidad. A mi me parece que esto es muy importante.

EHB – Y hablando de candidatos, ¿por qué te presentas como candidato? ¿Con qué motivación y por qué con Geroa Bai?

DI – Porque yo he estado con este partido toda mi vida. Desde los 16 años. Es una coalición de partidos de centro izquierda, donde están desde el PNV hasta organizaciones que vienen de la izquierda abertzale. Tiene una gran figura que es Usue Barkos, a la que yo conocí hace muchos años… yo era amigo de su padre, un viejo militante antifranquista que murió unos meses antes de que Usue fuera investida como presidenta del gobierno navarro. Cuando Usue me ha pedido cosas he tenido dificultades en decirle que no.

EHB- ¿Y qué defiende Geroa Bai?

DI – Su centro es Navarra y la defensa del autogobierno de Navarra y el derecho de los Navarros a decidir su futuro. Tiene un clarísimo componente social, una dimensión social muy fuerte. Pero lo que más me entusiasma es su apuesta por la renovación de la democracia, otra forma de hacer política, que es posible.

EHB – ¿Es nacionalista?

DI – No es un partido nacionalista, aunque hay mucho nacionalista dentro, yo soy nacionalista, pero no es una señal de identidad. No tiene que ser nacionalista todo el mundo que está.

EHB – ¿Cómo un hombre como tu, que habla de la heterogeneidad y del bien del otro, puede ser nacionalista?

DI – Si por nacionalismo entendemos espacios autárquicos, insolidarios, xenófobos, homogeneidad cultural y política, yo no comparto ese punto de vista. Yo defiendo un nacionalismo cívico, es decir una identificación con una comunidad en la cual están antes las personas que las naciones. Además creo que hay mucha gente que cree que no es nacionalista y lo es, y hay mucha gente que nos consideramos nacionalistas y en el fondo no lo somos. La gente más nacionalista que he conocido en mi vida han sido los anti nacionalistas. Esa gente furibundamente antinacionalista detrás de la cual percibes una obsesión por la identidad, una irritación con los temas de identidad. La pertenencia nacional hay que secularizarla.

Daniel Innerarity. fotos hechas en el bodegon Alejandro

Fotografía de Juantxo Egaña

EHB – Si no es tan importante la nación sino la persona, ¿por qué proteger a una nación?

DI – Porque una nación puede ser una experiencia de solidaridad especialmente intensa. Se puede pertenecer a una nación y entender el destino de esa nación vinculado a otros ámbitos políticos. Decía un político alemán que para él Baviera era su identificación emocional, Alemania su identificación en términos de solidaridad y Europa su identificación en términos democráticos.

EHB- En tu caso, ¿cómo lo ordenas? ¿qué es para ti España, Europa, Navarra?

DI – Para mi Navarra es el corazón de Euskal Herria y me gustaría que Navarra estuviera ligada al resto de los territorios vascos, pero es una cosa secundaria respecto a la voluntad de lo que los Navarros quieran. Para mi España es un Estado plurinacional, un Estado que si diera cabida a naciones diversas, cada una con su personalidad, con su autogobierno propio resultaría un espacio de convivencia posible, pero si España se cierra y sigue con esa rigidez constitucional eso da lugar a fuerzas centrífugas que dañarán profundamente la convivencia. Hay que articular procedimientos de discusión libre y democrática para decir qué queremos hacer con nosotros mismos.

EHB – ¿Por qué tanta identificación con el nacionalismo existiendo tantos otros problemas?

DI – Sí, estamos dedicándole demasiado esfuerzo y energía. Pero a la vez la nación es el lugar al que vuelves, son tus raíces…ha habido nacionalismos en la historia que han sido muy integradores y han construido ámbitos de solidaridad. La palabra nacionalismo es una palabra neutra.

EHB – En España no creo que sea una palabra neutra…

DI – Si…hay nacionalismos cívicos, hay nacionalismos agresivos. Hay nacionalismos que han luchado por la democracia en este país…

EHB – En este entorno global tan complejo donde se están produciendo situaciones de desigualdad muy difíciles de gestionar desde un punto de vista de gobernanza, ahí quizás el nacionalismo adquiera un cierto sentido. Ya no desde un punto de vista emocional, sino desde un punto de vista de gobernanza y de gestión de la complejidad. Quizás sí que tiene sentido volverse, recogerse a entornos más pequeños.. quizás es una de las razones por las que están aflorando los nacionalismos en esta etapa post-crisis económico-financiera…Escocia, Cataluña, Reino Unido con respecto a Europa.

DI – El nacionalismo vasco y el catalán no es un fenómeno de ahora, tiene que ver con la construcción deficiente del Estado español y el caso escocés es muy diferente del nuestro. El nacionalismo vasco en la crisis, más bien ha adoptado una posición de sentido de la responsabilidad. No lo digo comparativamente con nadie. Todo el mundo considera el nacionalismo vasco como una contribución a la democracia en España y en estos momentos como un conjunto de actitudes bastante responsables con respecto a la crisis. Probablemente no lo digo por virtud propia, sino porque las prioridades de la gente aquí en Euskadi tienen que ver más primero con el empleo, y la situación económica, y eso el PNV lo ha entendido bien. Y en Navarra lo mismo. Ahora tu no puedes ir, creo yo, con el tema del autogobierno como una reivindicación desconectada del bien material de la gente. Como un lujo.

EHB ¿Qué posibilidades tienes de ganar las elecciones al Congreso?

[Prefiere no responder a esta pregunta]

DI – Yo voy a hacer una campaña un poco diferente, con una metodología que no la he hecho yo, sino que ha sido bastante espontanea, y es que mucha gente de fuera de Navarra me está apoyando y en las redes sociales…dicen que el Congreso de los Diputados sería mejor si estuviera yo. Eso lo ha dicho Javier Solana, eso lo ha dicho Federico Mayor Zaragoza, eso lo ha dicho Pasquall Maragall.

Daniel Innerarity. fotos hechas en el bodegon Alejandro
Fotografía de Juantxo Egaña

EHB – ¿Y tu? ¿Qué crees?

DI – Yo creo que puedo aportar, pero dependerá de lo que la gente quiera.

EHB – Hablabas de la poca importancia de los líderes. Unos sistemas inteligentes conducen a la eficacia con independencia de los líderes que los dirigen. ¿no te parece que políticos como Barack Obama, Albert Rivera o Pablo Iglesias tienen mucha más importancia de la que les concedes?

DI – A mi es que me gusta más Iñigo Urkullu…y tiene que ver con esto que estamos hablando, es decir, una persona discreta, que comparte liderazgo con otros de su partido.

EHB – La discreción en política no es lo que más esperanza despierta en la ciudadanía…volvemos al caso de Rajoy.

DI – Pero en el caso de Rajoy lo que tenemos es a una persona hostil y reacia a dar la cara y a dar explicaciones, a comunicar con la gente. El extremo de Rajoy de ocultarse y de estar desaparecido me parece un liderazgo que en estos momentos es malísimo.

Pero yo me refería a que nosotros podemos prescindir de las personas inteligentes, pero de lo que no podemos prescindir es de los sistemas inteligentes. Es decir, un sistema, un orden constitucional tiene que estar pensado para dificultar cierto tipo de decisiones y facilitar otras. Me parece mucho más importante la choice architecture que establecemos con nuestros sistemas tecnológicos de gobierno que la ejemplaridad de las personas. Yo confío mucho más en que haya sistemas de gobernanza, de supervisión y códigos, que en las propiedades individuales de las personas.

Daniel Innerarity. fotos hechas en el bodegon Alejandro

Fotografía de Juantxo Egaña

EHB – Pero la ejemplaridad de los líderes es la que verdaderamente inspira esos sistemas…

DI – Hay dos obsesiones en la cultura contemporánea que nos impiden avanzar. Hay una obsesión con lo moral a costa de lo cognitivo, y hay una obsesión con el elemento individual a costa de lo organizativo. Si confiamos demasiado en el liderazgo individual, probablemente estemos dejando un espacio para el mal liderazgo individual. El sistema político tiene en la cumbre a los políticos, que están en permanente choque con los funcionarios. ¿Para que sirven los políticos? Para superar el conservadurismo de los funcionarios. ¿Para que sirven los funcionarios? Para superar la frivolidad de los políticos. En ese choque, en esa fricción ganamos todos. Me parece que lo que hay que hacer es poner sistemas de compensación anticíclica, que no hemos sido capaces de crear.

Pero es que además hay demasiado acercamiento moral hacia la realidad y enseguida buscamos un culpable, imputamos una responsabilidad, pensamos que hay buenos o malos, cuando la mayor parte de nuestros problemas se deben a que hay una ignorancia sistémica. Para eso hace falta una gran movilización cognitiva de la sociedad. En este escenario de inteligencia distribuida hace falta poner a mucha gente a trabajar, porque además se da la circunstancia de que no necesariamente el que más poder tiene es el que más sabe. Saber o no saber, esa es la cuestión. Mejoremos individual y sobre todo colectivamente nuestra relación cognitiva con la realidad. Además, vamos a tener que convivir con mayor ingrediente de ignorancia, y hay que saber gestionar la ignorancia, cómo gestionar una ignorancia insuperable.

EHB- Los gobernados en muchos casos tienen más información que los que gobiernan. ¿Qué opinas de los lobbies? ¿De la interacción entre lo público y lo privado? ¿Qué es interés privado y qué es interés general?

DI – Los lobbies son las empresas farmacéuticas pero Cáritas también es un lobby…yo creo que se está produciendo un fenómeno de auto organización de la sociedad al margen del sistema político, que está haciendo obsoletos e ineficaces los sistemas de ordeno y mando de la jerarquía estatal. Hay gente que se está auto organizando al margen de los procesos oficiales de toma de decisiones. Se están auto organizando los empresarios pero también se están auto organizando los anarquistas de la CUP. Entonces, o los gobiernos son capaces de favorecer esa auto organización y dirigirla de una manera que sea equilibrada o chocarán con la resistencia de la sociedad. No es una tesis neoliberal, que no soy neoliberal, ni tampoco anarquista, que tampoco lo soy. Sino que creo que ha aparecido un nuevo eje de identificación en nuestra sociedad contemporánea que es: queremos organizarnos a nosotros mismos. Y no toleramos sistemas jerárquicos de decisión. La idea de apretar un botón y hacer un decreto ley no está a la altura de la complejidad de la sociedad.

Un gobernante tiene al mismo tiempo una responsabilidad sobre el conjunto de la sociedad. ¿Cómo articulas esa idea de implicar a la gente y al mismo tiempo no dejar la decisión en manos privadas? La única manera es favorecer a la sociedad la reflexión sobre si misma.

EHB- Eso es utópico

DI – Es utópico pero es fantástico. Si yo quiero regular el mundo financiero y el mundo del deporte, tengo que lograr que el mundo financiero y el mundo del deporte colaboren conmigo en la tarea de la regulación y entiendan que ellos mismos están generando riesgos… Dominique Strauss-Kahn decía que cuando estaba en el FMI había altos directivos de Wall Street que le decían “por favor, contrólenos” (siempre me he acordado de que a él podrían haberle controlado también un poco…). Los seres humanos necesitamos sistemas que nos impidan hacer lo que queremos. Suena muy bruto, pero es así. Sistemas que me ayuden a ver que hay ciertos riesgos que pueden ser auto destructivos.

EHB – ¿Está la ciudadanía española preparada para escuchar este mensaje de autogobierno? No tenemos esa cultura en absoluto.

DI – Seguramente no. Yo creo que la experiencia política fundamental es la impotencia, la dificultad de mover algo. La experiencia de la limitación. Tenemos tres tipos de limitaciones en la política. Tenemos una limitación cognitiva, nuestros sistemas políticos saben muy poco para lo que tienen que hacer; tenemos una limitación en relación con el poder (el poder de “yo te mando a ti” es un recurso muy pobre de gobierno y tiene un recorrido muy pequeño); tenemos una limitación de dinero. Toda mi obsesión es cómo conseguir capacidad reconfiguradora de la política, teniendo en cuenta de que ya, ni son los más listos, ni el ordeno y mando vale, ni el dinero va a ser escaso siempre.

EHB – ¿Qué opinión tienes de los medios de comunicación en España?

DI – Los medios de comunicación son más necesarios que nunca en la actual situación, en la que necesitamos reducciones significativas de la complejidad. Es una ilusión pensar que la ciudadanía pueda hacerse una idea de lo que está pasando, tomar decisiones, eso no puede alcanzarse sin la colaboración de los medios. Y yo creo que en estos momentos los medios están dedicados al detalle escabroso, a la anécdota, están construyendo un régimen de negatividad. Por poner un ejemplo. Hay pocos análisis buenos, al menos yo nos los conozco, de cuáles fueron las circunstancias que nos llevaron al rescate bancario en España que nos costó un dineral y que lo estamos pagando. En cambio lo sabemos todo acerca del uso de las tarjetas black. Estamos convirtiendo a la política en un espectáculo en el cual nosotros ciudadanos nos estamos convirtiendo en mirones, facilitado por los medios de comunicación. Es una democracia ocular, donde somos los voyeurs de un espectáculo que nos cabrea y nos indigna

De ahí mi cierta resistencia a darle demasiada importancia a la transparencia. La transparencia como obsesión y como única categoría de democratización se adapta bastante bien a este tipo de democracia que en el fondo es una democracia de poca calidad y que nos coloca a nosotros mismos en espectadores que estamos contemplando un espectáculo.

EHB – Por defecto hemos asumido que los sistemas son corruptos, de ahí la necesidad de ser transparentes.

DI – ¿Tenemos un problema que los políticos nos estén ocultando algo cuyo desvelamiento aclararía todo lo que nos está pasando? ¿O más bien tenemos un problema de confusión colectiva? Ha pasado lo primero, vamos camino de corregirlo, pero lo segundo es una batalla que estamos librando más a largo plazo, es una batalla de construcción de la voluntad política, más complicado.

Los sistemas de decisión necesitan espacios discretos. ¿Cómo los políticos han reaccionado al mundo de la transparencia? No diciendo nada, acartonando su discurso. Es un discurso hueco y banal.

EHB – Con la irrupción de los nuevos partidos, ¿crees que estamos en la transición hacia un modelo mejor?

DI – Hay todavía ciertas estrategias que aspiran a una reedición del bipartidismo con otros actores. No nos creemos la diversidad interior, ideológica, nacional, cultural, religiosa sexual, lingüística…mientras no sintamos como propio la diferencia del otro no estaremos avanzando realmente nada en términos de unidad. Porque la unidad va a ser a través del reconocimiento de la diferencia. Y la represión de la diferencia no construye nada positivo. No tenemos esa cultura.

EHB – Así que o crees que se vaya consolidar un sistema multipartidista en España.

DI – Podría ser…no digo que no. Hay mucho fenómeno de burbuja, pero vamos a pasar unos años con más actores políticos, más equilibrados entre sí, teniendo que hacer operaciones más sutiles, yo creo que eso es indudable.

EHB – ¿Qué piensas que va a pasar el 26J?

DI – Hay una volatilidad enorme. ¿Cómo va a afectar el hartazgo de la ciudadanía a unos y a otros? Probablemente afecte de manera diferente. En general los votantes de la derecha están más movilizados y los de la izquierda están más melancólicos. Podemos ha hecho una operación de suma, que no va a sumar. Se está convirtiendo en una cosa totalmente distinta. Ha renunciado a la transversalidad, y se ha situado en la izquierda. Ha resucitado a Anguita…eso yo creo que es pan para hoy y hambre para mañana.

EHB – ¿Qué opinas de la Ley de Educación que se aprobó en la pasada legislatura y cómo aspirar a educar a los jóvenes del futuro?

DI – La ley de educación nos ha preparado mal. No lo digo por un orgullo corporativo, pero en la sociedad que vivimos y la complejidad, hace falta que se institucionalice la inteligencia colectiva, que lo que todos nos preguntamos de vez en cuando, a altas horas de la madrugada después de haber bebido un poco, por el sentido de la vida, del amor, de la belleza…, que eso lo haga gente de manera sistemática, y eso lo hacen los filósofos y otras muchas profesiones. Pero se ha impuesto una lógica del beneficio, de la rapidez, de la performance, que ha estigmatizado como una pérdida de tiempo la reflexión, la utilidad de lo inútil.

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La asignatura pendiente de las élites: recuperar la confianza

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(publicado en El Confidencial el 24 de Junio de 2016)

“Se ha perdido la confianza en el futuro y se ha perdido por parte de las clases medias,” dijo esta semana Joaquín Almunia en un desayuno. El exvicepresidente de la Comisión Europea vino a hablarnos del futuro de la Unión Europea, y, tras un repaso de los retos más preocupantes (nacionalismos, populismos, proteccionismos), concluyó que la falta de confianza está en la raíz de todo.

Precisamente estaba yo dándole vueltas al tema de la confianza. Hablamos mucho de transparencia en la vida pública, pero tenemos que dar un paso más allá. Se hace urgente recuperar la confianza ciudadana. La confianza es un valor fundamental para casi todo en la vida. Necesitamos confianza para amar, para gobernar y dejarnos gobernar, para invertir y comprar, para superar la adversidad y avanzar.

La pregunta siguiente es: ¿cómo hemos llegado a esta falta de confianza? Sólo un académico centrado en el fenómeno podría llegar a dar una explicación ajustada. La causa más aparente se asocia al lado más oscuro de la condición humana: la avaricia y el egoísmo de algunas élites políticas, empresariales y mediáticas que han venido corrompiendo la democracia liberal fabricando en paralelo una Gran Mentira. La Gran Mentira de un presente y un futuro de oportunidades y seguridades que la economía de mercado por un lado y el estado de bienestar por otro serían capaces de proveernos. A todos.

Los políticos mienten para preservar su propia imagen y llega un momento en que se terminan engañando a sí mismos

La crisis financiera de 2008 hizo estallar la burbuja de la Gran Mentira. “La verdad tiene primacía sobre todas las falsedades,” escribía Hannah Arendt en 1971 en su magnífico artículo ‘Lying in Politics’, donde reflexiona sobre las motivaciones que inspiraron todo el aparato político y tecnocrático que promovió la guerra del Vietnam y que el gobierno de Lyndon Johnson condensó en los famosos Papeles del Pentágono. “En política, el autoengaño es el principal peligro,” afirma Arendt. “El que miente sistemáticamente va perdiendo todo contacto con su audiencia y con el mundo real, que tarde o temprano le alcanzará.”

Los políticos mienten para preservar su propia imagen y llega un momento en que se terminan engañando a sí mismos. No hay nada nuevo en esto. Pero la historia nos demuestra que la mentira y las falsas construcciones siguen siendo el ‘standard procedure’. En septiembre de 2008 José Luis Rodríguez Zapatero negaba la mayor en Nueva York ante una audiencia internacional que escuchaba atónita la frase de, “España quizás cuenta con el sistema financiero más sólido de la comunidad internacional.” En noviembre de 2011 Mariano Rajoy nos prometía que no subiría los impuestos y fue lo primero que hizo al asumir la Presidencia del gobierno.

Ahora emergen partidos nacionalistas, populistas y proteccionistas que no es que mientan, se regodean en un escenario ilusorio donde la justicia social es la gran promesa para alcanzar el ansiado poder. Ante la desconfianza ciudadana y su desesperanza, ofrecen una esperanza fabricada y cuentan con la gran baza de no haber frecuentado aún la mala compañía de la corrupción política.

Ante la creciente desigualdad y la tenaz corrupción, “la rebelión contra las élites está en su apogeo y no podemos ignorar este fenómeno”

Mientras, las élites económicas contemplan con horror a estos portavoces de nacionalismos, populismos y proteccionismos. Pero sus quejas se quedan deslegitimadas, pues siguen acumulando una riqueza que se ve constantemente amenazada por esa falta de legitimidad. Por poner un ejemplo: según un informe que ha publicado este jueves Capgemini, el número de millonarios en España ha crecido un 50% desde el 2008, pasando de 127.100 a 193.000. Ya lo alertaba el columnista del ‘Financial Times’ Martin Wolf en febrero de este año, ante la creciente desigualdad y la tenaz corrupción, “la rebelión contra las élites está en su apogeo y no podemos ignorar este fenómeno.”

Unas y otras élites, las políticas y las económicas, por su propio bien e interés, tienen la responsabilidad de pensar en cómo devolver la confianza a la ciudadanía. Las económicas tienen que pensar en cómo se puede conjugar el liberalismo económico con la justicia social. Despertar la empatía real de los que ostentan el poder económico por el bienestar de sus conciudadanos es una asignatura pendiente del liberalismo. Las élites políticas van a tener que enfrentarse a una sociedad digitalizada donde los datos y las filtraciones están mucho más al alcance de la opinión pública. Mentir en este contexto de transparencia se hace cada vez más complicado.

Rachel Botsman, la gran gurú de la economía colaborativa, considera que la confianza será la gran moneda de cambio del siglo XXI. “Mucha de la confianza se ha perdido en el mundo porque no veíamos las cosas.” Ahora lo vemos todo y esa visibilidad tiene unas consecuencias que conduce a mejores comportamientos. Si la ciudadanía avanza en esa dirección, ¿por qué no sus élites?

 

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El despertar de la sociedad civil en España (y su impacto en el Estado y el mercado)

Siempre se ha dicho que no teníamos sociedad civil en España. Nos lo decíamos nosotros mismos, con ese ‘quejío’ de bar tan característico español. Pero también nos lo decían los que venían de fuera. Victor Mallet, el corresponsal del ‘Financial Times‘ de 2008 a 2012, se sorprendía de ver la escasa presencia e independencia de los ‘think tanks’, los intelectuales y los líderes de opinión en nuestro país. Y cuando lo ponía sobre la mesa con la, a su vez, característica sorna del inglés intelectual que nos mira por encima, a mí me dolía, porque era una verdad contrastada y no una verdad cualquiera. Una verdad de la que depende un tercio de nuestro verdadero desarrollo democrático.

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Pero a lo largo de los últimos cinco años, hemos ido viendo cómo la sociedad civil se ha ido despertando, desperezando y estirando. Quizás podamos hablar del 15M como origen del movimiento ciudadano en España. Un movimiento que ha tenido unos años de silencio y que ha vuelto a la trinchera política en las pasadas elecciones autonómicas y municipales que vieron consagrarse en alcaldesas de Madrid y Barcelona a una jueza desligada del entorno político del momento y a una activista social. Las diferentes iniciativas ciudadanas del 15M fueron incluso pioneras en el mundo entero, inspirando otros movimientos ciudadanos en Estados Unidos como Occupy Wall Street. En esta ocasión, España lideraba al mundo anglosajón.

Pero la sociedad civil de un país va más allá de un movimiento ciudadano. En Vinces hemos identificado seis categorías de ‘stakeholders’ con suficiente presencia y poder como para articular las diversas demandas sociales y definir la agenda social frente a los poderes públicos y las compañías: asociaciones de intereses (empresariales, sindicales, de consumidores, etc.); ONG y fundaciones; ‘think tanks’; medios de comunicación y foros; comunidades e ‘influencers’ digitales; y escuelas de negocio y universidades.

De estas plataformas depende, como decíamos, un tercio de nuestro desarrollo democrático. Los otros dos tercios les corresponden a las empresas, al mercado y al Estado. La forma del triángulo integrado por “Estado, empresas y mercado y sociedad Civil” determina la calidad democrática de un país. Podríamos decir que nuestro triángulo, el español, era como una pirámide invertida, donde el proceso de toma de decisiones lo lideraban en la cúspide actores públicos y algunos decisores empresariales privilegiados. Pero ese triángulo se está invirtiendo para recuperar su forma natural.

Si algo bueno nos ha traído la crisis económica es que se mira más cómo se gestiona el escaso dinero público. Los ciudadanos quieren saber si ha habido corrupción en esa gestión, y los escándalos han acelerado el descrédito ya existente de las instituciones del Estado, de las empresas y de los mercados. Unos y otros carecen de legitimidad social, entendida como la virtud de una institución de ejercer su poder disfrutando al mismo tiempo de la confianza y credibilidad de una sociedad que se ve afectada por su actividad.

El hecho de que la sociedad civil se haya erigido en actor influyente viene muy determinado por la tecnología. La tecnología ocupa un papel fundamental en este despertar. Gracias a la tecnología los ciudadanos pueden acceder a mucha más información sobre los temas que les afectan. Pueden conversar, colaborar, conectar y actuar de una manera mucho más transversal. La tecnología nos empodera, nos despierta, nos permite actuar.

El afianzamiento de la sociedad civil española está impulsando un cambio en el Estado y en las compañías. En la agenda política y regulatoria ya están temas que hasta hace dos años eran propios de la agenda social, como el movimiento que iniciaron ONG como Intermón Oxfam para combatir la evasión fiscal por medio de la transparencia. El resultado de este movimiento es la demanda estatal a las compañías de desglosar su contabilidad nacional para lograr una imposición más equitativa.

Por su parte, las compañías y el mercado, y sin perjuicio de que su objetivo fundamental y legítimo sea maximizar resultados en beneficio de los accionistas e inversores, comienzan a desarrollar un cierto liderazgo comprometido con las problemáticas sociales y medioambientales, o incluso nacen con el objetivo último de ofrecer soluciones a través de su propia actividad. En general, se están viendo obligadas a cambiar de manera radical su relación con la sociedad si quieren ser actores relacionados en un ecosistema donde emergen problemas que hasta ahora solo los Estados y los organismos internacionales se encargaban de afrontar. Las compañías ya no pueden contemplar a sus consumidores como los contemplaban en los años 80 y 90. Ahora los consumidores son ciudadanos empoderados que se identifican con unos valores. Los propios empleados de las empresas son ciudadanos empoderados. Las compañías por tanto, tienen que redimensionar su relación con la sociedad. Y esto va mucho más allá de la responsabilidad social corporativa. Estamos hablando de dimensiones como el poder, la legitimidad y la gobernanza.

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Liderazgo público y el camino del Shamatha

“Hasta que no nos liberemos de nuestras aflicciones mentales, no dispondremos de verdadera libertad de elección.” Esta fue una de las frases que más resonaron en mi a lo largo del retiro en el que he estado sumergida esta Semana Santa. Es una frase de Alan Wallace, referencia internacional en el cultivo y desarrollo de la atención. “Retirarse del mundo, no es escapar, sino prepararse estratégicamente para ganar la próxima victoria.” Fue la segunda frase más cargada de sentido para mi, y hubo cientos.

Este retiro, titulado “El Camino del Shamatha” y organizado por el Nirakara Mindfulness Institute (organización vinculada a la Universidad Complutense de Madrid) y la Fundación Sakya en el magnífico monasterio Budista de Pedreguer, en Alicante, me ha transformado profundamente por haberme ayudado a comprender intelectualmente y a la vez experimentar dos cosas. Por un lado, la idea y la vivencia de que la relajación, estabilidad y claridad que desarrollamos cuando meditamos disciplinadamente con técnicas específicas nos colocan en una dimensión desde donde podemos afrontar el mundo con un sentido claro e integrador de quiénes somos y de nuestro propósito. Por otro, el hecho de que la felicidad genuina está más allá de los placeres hedónicos a los que nos aferramos de manera inconsciente. Esta felicidad nos lleva a un estado de tal fusión con el universo que nuestra propia mortalidad, y la experiencia de la misma, cobra un nuevo sentido.

El sábado que dio comienzo al retiro, yo me encontraba estresada después de semanas de mucha actividad, pero sobre todo de mucha dispersión y de pocas horas de sueño. Antes de llegar a Pedreguer, mi buen amigo Guillermo Muñoz-Alonso y yo tuvimos que pasar por la ciudad de Alicante y decidimos comer en uno de sus restaurantes míticos. No nos resistimos a nuestras dos copas de vino, que fueron el punto final a semanas de hiperactividad. Llegamos al monasterio Budista a las 4 de la tarde embriagados y cansados.

No somos conscientes del impacto tan tóxico que tiene en nuestro cuerpo y en nuestra mente la tecnología, las exigencias laborales, la velocidad y el ruido a los que nos enfrentamos en los núcleos urbanos. Y nuestra inconsciencia se deja llevar por los estímulos incesantes, que nos azotan alejándonos de nuestro centro de manera gradual. Consumimos café y alcohol, dormimos a medias y mal, no nos detenemos a respirar en momentos específicos del día y quedamos atrapados en una telaraña que los Budistas llaman “Maya”. Y en esta telaraña somos presas fáciles de los “cinco oscurecimientos”: el apego y la adicción a las cosas externas a nosotros que identificamos como fuentes de felicidad propias: una relación, un desarrollo profesional orientado al prestigio y la fama, unas vacaciones de ensueño, el cultivo al cuerpo o la cantidad de tentaciones sensoriales que nos rodean y que la publicidad se encarga de aderezar. Si no logramos satisfacer nuestras ansias, entonces nos irritamos, nos enfadamos, nos cabreamos y caemos en la malevolencia. También somos víctimas del aburrimiento vital, de una sensación de sinsentido y tristeza profundos. Nos acompaña además una ansiedad permanente por no saber llegar, no saber decir que no, no saber qué elegir, qué opción es la mejor. Y por último la incertidumbre ante una vida que se antoja impredecible, que nos puede sorprender para bien, pero también para mal en cualquier momento. Una vida que nos ofrece múltiples destinos posibles y nos sentimos incapaces de elegir por miedo al fracaso o al error.

Así que llegamos embriagados y cansados y nos metimos de lleno en el retiro, que consistía en meditar alrededor de 4, 5 o 6 horas diarias, según cada persona, y a escuchar a Alan Wallace otras 4 horas y media. Infinitos gramos de comida vegetariana, nada de café, nada de alcohol y un contexto natural idílico como demuestra esta foto que me tomaron mientras meditaba.

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Los primeros dos días no hice otra cosa que dormir. No podía mantener ni una sola meditación sin quedarme dormida. Me quedaba dormida mientras escuchaba el discurso brillantemente estructurado y articulado de Wallace (se nota que es doctor en religión por la Universidad de Stanford). Dormí 12 horas las dos primeras noches. Cuando estaba despierta sentía dolores y tensión por todo el cuerpo. Escribí en mi bloc de notas una pregunta que me he hecho un par de veces a lo largo de los últimos 8 meses: “Estoy asustada de lo cansada que me encuentro. ¿Dónde está mi energía natural?” Pero poco a poco fui recobrando esa energía vital, y fui siguiendo las técnicas meditativas cada vez con mayor disciplina, con mayor dedicación. Fui recuperando y a la vez ejercitando mi respiración mientras iba notando cómo el cuerpo se relajaba y se estabilizaba y notaba también cómo ello contribuía a una claridad mental refrescante.

Durante los 6 días de retiro, Wallace nos ofreció una oportunidad única de hacer una inmersión en los fundamentos, las definiciones, los métodos y los fines de las nueve etapas que se han de recorrer para llegar al Shamatha, que no es otra cosa que la unificación de la mente con el universo que nos rodea. Un contexto intelectual y teórico necesario para dar consistencia a nuestra experiencia meditativa. Es aquí donde el Budismo cobra un peso específico con respecto a otras religiones, porque ha logrado desarrollar un método de investigación de nuestra propia mente y de su relación con el cuerpo. De ahí que el Budismo sea la religión más cercana a la ciencia, como se desprende de entrevistas como esta. Wallace está especialmente motivado con la idea de integrar el desarrollo de la conciencia a través de estas técnicas milenarias con los avances científicos que se están produciendo en el ámbito de la mente y el cerebro. Para ello ha creado el Santa Barbara Institute of Consciousness Studies. Una de sus principales hipótesis es que la atención, un elemento tan característico de la figura del genio (todos los grandes genios de la historia han sido mentes atentas, según el padre de la psicología norteamericana William James), puede ser ejercitada y desarrollada. Esto se desmarca de las tesis de James y otros que consideraban imposible mejorar o perfeccionar la atención con la que se nace.

Wallace también insistía en la importancia de la motivación. Nos invitaba a que pensáramos y visualizáramos el sentido que queríamos darle a la práctica. Qué consideráramos que nos haría felices, cómo creíamos que nuestro entorno más cercano podía ayudarnos a lograr la consecución de nuestra felicidad, cómo creíamos que podíamos labrar ese camino y convertirnos en esa persona deseada, y qué concretamente podríamos aportar al mundo, a aquellos que tenemos cerca y a los que no lo están tanto. Estas preguntas marcarán nuestro destino. Preguntas muy importantes que requieren de una introspección, un silencio y un aislamiento. De ahí que resonara en mi especialmente su frase de la importancia de los retiros, no como un mecanismo de huida, sino como un repliegue para librar las batallas para las que estamos verdaderamente destinados a luchar.

En un mundo tan complejo, altamente tecnologizado y que provoca tanta desazón, yo visualizo este camino para nuestros líderes, sobre todo para los líderes públicos, aquellos que están al servicio de la sociedad. Estas técnicas van más allá de la religión, son técnicas que puede practicar un cristiano, un judío o un ateo. Muy en línea con lo que propone la filósofa Martha Nussbaum, el cultivo de sistemas que generen las emociones públicas correctas debería ser una prioridad pública. Pues por ahí, por ahí seguiremos avanzando hacia ese destino al que me ha invitado Wallace alcanzar en este retiro.

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Transparencia en las patronales españolas: cuestión de vida o muerte

(Publicado en mi Blogs “Rincón de Transparencia”  http://goo.gl/eCjG2V)

Thomas Clarkson addressing the Convention of the Anti-Slavery Society at the Freemason's Hall, London. Original Artwork: Engraving by B R Hayden   (Photo by Hulton Archive/Getty Images)

Thomas Clarkson addressing the Convention of the Anti-Slavery Society at the Freemason’s Hall, London. Original Artwork: Engraving by B R Hayden (Photo by Hulton Archive/Getty Images)

“Las subvenciones han sido el gran cáncer de las asociaciones empresariales en España,” nos confesaba hace poco un profesional treintañero. Con la expectativa de comenzar a dirigir una de las patronales del país para poder articular de manera diferente los intereses de su sector, se quejaba de la falta de profesionalidad que ha caracterizado la gestión de estas asociaciones a lo largo de buena parte de nuestra joven democracia. Y concluía que el dinero público fácil ha impedido en gran parte el desarrollo de una estructura de representación más democrática, transparente y eficiente.

El artículo 7 de nuestra Constitución establece que las asociaciones empresariales nacen para promover los intereses económicos, en libertad, y con una estructura interna democrática. Es bien sabido que la mayoría de las patronales nacieron justo antes de 1978 con unas estructuras cerradas de representación y muy lejos de las dinámicas del asociacionismo anglosajón, caracterizadas por una mayor independencia con respecto al Estado por estar financiadas exclusivamente por las aportaciones de los socios. Las patronales anglosajonas, cuyo origen se remonta al siglo XIX, han venido cumpliendo un papel fundamental en la historia económica de estos países. Nacieron con la triple funcionalidad de servir de polos de intercambio de ideas e información sobre los retos del sector; crear espacios de conexión entre sus miembros; y ejercer la representación y defensa de sus intereses ante los decisores públicos.

Pero en la era de internet, estas funciones se han ido diluyendo vertiginosamente y las asociaciones tanto españolas como anglosajonas se están quedando vacías de contenido. Corren el riesgo de convertirse en “instituciones cáscara”, utilizando la expresión que acuñó el sociólogo británico Anthony Giddens en su libro ‘Runaway World: how globalization is shaping our lives‘, en referencia a instituciones tradicionales como la familia o el estado que se ven impedidas para cumplir con sus funciones originales.

La transparencia y la participación

En vista de este panorama y ligado al descrédito en el que se encuentran muchas de las instituciones de nuestro país, la única salida posible para las patronales es desarrollar verdaderos mecanismos de transparencia en la gestión y de participación de sus miembros.

Ya en el 2009 la autora norteamericana Rebecca Rolfes recomendó algo similar en su libro ‘The Competition Within: How Members Will Reinvent Associations‘.

Rolfes hablaba de la necesidad de crear estructuras participativas “de abajo a arriba” a través de las redes y de internet, así como de generar contenidos verdaderamente relevantes para sus asociados y para el sector, es decir, convertirse en verdaderos líderes de opinión. Y en abril del año pasado, la expresidenta del Tribunal Constitucional y Catedrática de la Universidad Complutense, Mª Emilia Casas Baamonde, expresaba en su análisis exhaustivo ‘Transparencia de los sindicatos y de las asociaciones empresariales‘ la necesidad de que sindicatos y patronales cubrieran las “insuficiencias [de la ley de transparencia] abriendo aspectos esenciales de sus funciones y actividades, y los diferentes de su régimen económico, al conocimiento y control de los ciudadanos para reforzar su democracia interna y su legitimidad democrática, tarea que han de acometer con urgencia.”

Ahondando un poco más en esto, sin extenderme demasiado en la complejidad jurídica, Emilia Casas deja claro en su análisis que la ley de transparencia llega tarde, y, que en el caso de sindicatos y patronales, genera confusión sobre qué obligaciones son verdaderamente aplicables. Según la interpretación de la jurista, la ley tan sólo exige a las patronales publicitar en sus webs la información relativa a su estructura institucional y organizativa y a los contratos, convenios y subvenciones que hayan firmado y recibido con y de las Administraciones Públicas.

La transparencia voluntaria: más allá de la norma

Por tanto, una primera conclusión para las patronales es que la ley de transparencia no debería ser la única referencia para el desarrollo de un nuevo modelo de transparencia, cuya finalidad última debería ser la de recuperar la efectividad y la legitimidad real de las asociaciones empresariales ante sus socios y ante la sociedad. En este sentido hay margen para que las patronales publiquen voluntariamente información relativa a los presupuestos, las cuentas anuales, las retribuciones de los altos cargos, las declaraciones anuales de bienes, los planes estratégicos y programas anuales con fijación de objetivos, de actividades, de medios y de calendarios específicos y la evaluación periódica de su cumplimiento.

Ese ha sido el caso de la CEOE, que ha llevado a cabo un ejercicio considerable de transparencia voluntaria en su portal de transparencia. “Nosotros lo publicamos todo, hasta los presupuestos” me confirmó recientemente José María Campos, el Director de Asuntos Jurídicos de la CEOE. “Queremos ser transparentes.” Este portal evidencia el esfuerzo modernizador que la principal patronal del país ha querido acometer en los últimos años de crisis institucional y económica.

La ley de transparencia ha impulsado un afianzamiento de iniciativas de transparencia de otras patronales como la FIAB y Adigital. Esperamos que progresivamente las asociaciones empresariales en España vayan desarrollando ese modelo de transparencia y participación amplio que, lejos de resultar una amenaza, constituirá su tabla de salvación.

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La Transparencia del Nuevo Poder

El poder está cambiando. Frente al poder tradicional o antiguo, están emergiendo unas nuevas formas de poder. El poder antiguo se afianza en la propiedad, el control, el intercambio útil y la jerarquía. El nuevo poder se caracteriza por la participación, la transparencia, la co-creación, el compartir sin esperar nada a cambio, la horizontalidad, etc. Esto no quiere decir que las nuevas formas de poder vayan a sustituir a las antiguas. Quiere decir que las organizaciones y los gobiernos tienen que desarrollar y abrirse a nuevos modelos de participación que convivan con los más arraigados y tradicionales. Esta reflexión la lleva a cabo de manera brillante Jeremy Heimans, el fundador de Avaaz y de Purpose, en su artículo ‘Understanding New Power’.

 

Social

En el caso español, el escenario político se ha fragmentado con la irrupción de los nuevos partidos. Las últimas elecciones municipales y autonómicas han conducido a nuevos parlamentos fragmentados, donde la aritmética parlamentaria exige una gobernanza a través de pactos de gobierno. Ejemplos como el de Manuela Carmena en Madrid y Ada Colau en Barcelona son los mejores exponentes políticos de las nuevas formas de poder. Con absoluta certeza, el nuevo Congreso resultante tras las elecciones del 20 de diciembre será un congreso fraccionado, hasta tal punto que algunos analistas y expertos temen una situación de verdadera ingobernabilidad.

Las nuevas formas de poder están llegando a los escenarios políticos y sociales con una fuerza y una velocidad vertiginosas

En contra de lo que pudiera pensarse, para el sector privado y la sociedad civil este nuevo entorno político resulta favorable. El famoso lema de “Divide y vencerás” de Julio César y Napoleón cobra aquí nueva vida. La táctica parlamentaria se convierte en herramienta esencial para avanzar en marcos regulatorios favorables. Adicionalmente, la pluralidad de fuerzas políticas conduce a un escenario de competitividad sana (y por supuesto insana). Así lo expresó en un foro de transparencia y buen gobierno hace unos días el Embajador de Dinamarca en España, John Nielsen: “tenemos una cultura política basada en el consenso. Durante más de 98 años hemos tenido gobiernos de pactos y alianzas”. Según Nielsen, la pluralidad de partidos ejerce un contrapoder constante que ha propiciado una profundización de la democracia y una mayor transparencia frente al ciudadano.

Pero además de las nuevas formas de poder en el entorno político, vivimos un proceso de empoderamiento de la sociedad civil a través de la tecnología. Los ciudadanos ya no sólo consumen productos y disfrutan de servicios, sino que seleccionan aquellos que están más de acuerdo a sus valores. Aquellos productos asociados a temas vinculados a valores como la ética, la sostenibilidad y la transparencia gozan de mayor popularidad en el mercado. Un ejemplo paradigmático en España sería Ecoalf. En la línea opuesta, uno de los grandes talones de Aquiles de las empresas tecnológicas, que tanto han promovido los nuevos modelos de poder social y participativo, está siendo la opacidad en sus estructuras fiscales. Millones de ciudadanos europeos están comenzando a cuestionar la compra y el disfrute de sus productos y soluciones tecnológicas debido a esa opacidad.

Los ciudadanos ya no sólo consumen productos y disfrutan de servicios, sino que seleccionan aquellos que están más de acuerdo a sus valores

Ante este empoderamiento social, las empresas se ven obligadas a actuar, si bien no como Estados, sí desarrollando una actividad más sostenible, más comprometida con el entorno social y medioambiental. Como ejemplo de esta tendencia, es interesante que algunas empresas cotizadas estén vinculando el bonus de sus altos directivos a objetivos no sólo económicos, sino también éticos y de sostenibilidad.

En definitiva, las nuevas formas de poder, vinculadas a la transparencia y a la participación auguran a priori escenarios positivos para la sociedad en su  conjunto. Sin caer en un optimismo complaciente, sí que me parecía relevante compartir esta reflexión. Estaré muy abierta, sobre todo, al ‘feedback’ de los más pesimistas.

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A Profile of POLITICO’s Ryan Heath: “Our goal is to get the EU sexy”

Ryan Heath defines himself as a writer on LinkedIn, but foremost he is quite a character. As POLITICO’s EU Correspondent he has the mission of “getting the EU sexy and make people feel attracted to it”. He sees the difficulties, but has accepted the challenge, and in a matter of seven months since he started this new venture he has become the most visible face of the new US kid on the EU’s media block.

Heath was born in Australia and graduated in Comms –politics and journalism in Sydney. As a first assignment right after college he worked on the political campaign of Australian singer-environmental activist-turned-politician, Peter Garrett. He then moved out to Oxford and faced the British entrenched elitism that made it hard for him to find a job easily. He ended up working for the British Labour politician, Peter Mandelson, who ultimately connected him with Neelie Kroes. For somebody who seems to enjoy confronting new challenges with short periodicity, sticking seven years (2008-2015) to the same post shows a strong commitment to the boss. He speaks highly of Ms. Kroes and shares anecdotes easily of the interesting time he had working on the controversial EU digital agenda. The experience ended up in his book, “Steelie Neelie: Neelie Kroes in Her Own Words”.

During this time, he says the most challenging issue he and his team faced was the banking crisis. Mainly because it was imbued with moral dilemmas: how come the ones who were doing things wrong were bailed out while the people who needed to be protected, the weakest, became the subsequent debtors? In spite of the historic fact of the EU public system rescuing the banks, Heath assures that the banking sector showed no leadership and, even worst, no vision of their responsible role when lobbying the EU Institutions.

And here comes the interesting side for modern Corporate Affairs professionals. For a political advisor and journalist like Heath, traditional lobbying (i.e., that trust amongst a few privileged gentlemen) is clearly no longer effective. There needs to be a specialized modernization of government affairs departments.

This trend at corporations consolidates against a backdrop of general political disaffection, both at a national and at a EU level. For Heath, trust in politics is going down and the way to sort it out is through scrutiny. Here it is where the media plays a crucial role, especially in the EU. “The additional problem with the EU is that everybody seems to be questioning its very existence on a daily basis.” For Heath the solution the media can offer to the EU’s various legitimacy problems is to move away from processes and put a face on it. “But it is hard to find EU stories that can start with a personal/human anecdote,” I pointed him out. And he responds that they are working on profiles of EU leaders that show this human dimension, like the one they wrote on Roberto Viola and his passion for the piano. He also sees the refugee crisis as the EU’s human story.

If the migration stuff is the story with the human angle, the power relationship between the EU institutions and the states is the story with the boring but crucial “process” side. For Heath, the narrative has changed and the immediate future is clear: the states are not going to yield more power to the EU. “The trend is to set limits of what the EU is doing”. In this context, for Heath the EU is an amalgam very confusing for anybody who is not inside the bubble. “You have to make an effort to understand.”

Precisely this difficulty of many understanding the EU ecosystem provoked the US editors at POLITICO to launch their outlet in Brussels, in addition to the obvious fact that Brussels has become the second center of power in the world, after Washington DC. “Beijing would be the third, but it is impenetrable,” Heath thinks aloud.

In September, the Directors of the International Executive Program on Government & Corporate Affairs at the IE Business School’s visited POLITICO’s new newsroom. This profile is the result of the visit. 

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